Entre el ajetreo diario de la vida capitalina, son pocas las ocasiones en que tenemos que mirar fuera de nuestra caja, para vislumbrar las realidades que conforman el collage de costumbres y recuerdos bogotanos. Por suerte, cada año –desde hace diecisiete ediciones– la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (Fuga) organiza el Centro de festivalesun espacio de conciliación y encuentro desde todas las latitudes de la ciudad, que además inaugura el calendario de eventos del distrito cultural.
Es normal que uno cambie con el tiempo y el Festival Centro no es la excepción. En sus primeras ediciones limitó su acceso a recitales pagos, con pocas salas y auditorios disponibles. En su edición 2022 se transformó en un espacio que convive con la más dura realidad de marginación del centro de Bogotá y las disposiciones de resiliencia, que tuvo lugar en el recién inaugurado Distrito Creativo del Bronx.
Desde entonces, el evento surgió con la premisa de reconciliar todos los nodos de nuestra sociedad, brindándoles un espacio de diálogo y creación, un buen indicio de unos trece años de historia que marcaron una transición hacia un proceso de madurez. Este punto de inflexión quedó reflejado en su cartel, ya que en 2023 se adoptó como slogan la frase “Los sonidos de la diferencia”, representada con la fuerza del rap, con Lil Supala necesidad de una escucha interna con Margarita siempre vivala exigente necesidad de reconocer nuestras raíces, con cimarrón, entre otras 35 presentaciones. Además, por primera vez, las voces más pequeñas también tuvieron su momento con la inauguración de la franja familiar con las obras suricata y las nada. Las siguientes ediciones seguirán tejiendo el legado de sus predecesoras, dando espacio a nuevos terrenos como el teatro Ecci de la 76.
Todo un camino pavimentado para llegar a este nuevo sol, porque a los diecisiete años ya eres mayor, más aprendido, más preparado. Esta edición es fruto de éxitos y rasguños, pero siempre de cosechas, y tanto los organizadores como sus fieles asistentes han aprendido, entre otras bromas, a llegar temprano para no quedarse fuera, a llevar un mecato, una buena gabardina y a abrazar a un completo desconocido cuando la música nos toca el corazón a ambos.
El encuentro, que se desarrolló del 29 de enero al 1 de febrero del presente año, fue inaugurado en el auditorio Mario Laserna por Blanca Andrea Sánchez, directora de la Fuga y el Distrito Creativo del Bronx. En su discurso mencionó uno de los avances más significativos logrados por el Festival en el último año: la apertura de segmentos familiares con atención a la población con discapacidad visual y auditiva. Un pequeño paso para el Distrito, pero un gran paso para la unidad de la ciudad.
El sonido de un latido producido por una percusión intencional detrás de la cortina nos preparó para la ola que se avecinaba; una amalgama entre dramaturgia, sonidos tradicionales y jazz llenó el auditorio cuando Gina Savino, junto a su banda, se hicieron cargo de todo. Un excelente comienzo para todos los días siguientes.
Uno de los momentos más esperados fue la presentación de N. Hardem, el viernes 30 de enero en el teatro Ecc, junto al colectivo United fruta.coun nombre que recuerda todo lo que la oligarquía nacional quiere borrar de los libros de historia. La velada prometía mucho y, afortunadamente para nosotros, se cumplió. Hardem escupió narrativas sobre la migración, la soledad, la lucha social y la sensación de no encajar en ningún espacio, entre otras que llegaron como una flecha a su emocionado público. Este espacio destacó, dada la ausencia del grupo de los escenarios durante varios años, incluso contó con invitados reconocidos en la escena hip hop local.
El sabor de una vida de trayectoria resonó el sábado 31 en Media Torta, con la alegría que brotaba de los Latin Brothers, un son que hace bailar a grandes y pequeños y sobre todo a aquellos que temen al frigorífico y se niegan a saltarse unos pasos, hasta escuchar la primera nota de un coro de metales y una tecla que marca el compás.
Todo lo bueno llega a su fin, y la guinda del pastel que adornó la última velada fueron las letras que han acompañado las cartas escritas por los amores románticos y melancólicos al borde de la traición como las describen los incomparables Nasa Histoires con su himno Bugambilia (o flor morada, como muchos la reconocen), y otras cartas que sumaron a su repertorio llenas de esperanza, confianza y llamados a cuidar la salud mental y emocional. Un cierre emotivo que sintió como un ungüento para el alma y que nos deja con las ganas de vivir este año lleno de amor, engaños, bolardos, atascos y fotos para el Álbum, porque en esta ciudad nunca se acaban las historias que contar.