El 3 de diciembre el Partido Liberal en el departamento de Nariño dio un golpe de estado que sorprendió a más de uno. Julio Aníbal Álvarez, exdiputado y célebre estratega liberal local, logró consolidar en el salón una lista con nombres que crean peso político: la serrana Sonia Cifuentes, el capitalino Álvaro Zarama Burbano y el taminango Miller Urbano. El registro en Pasto, con el momento de Simón Gaviria, se convirtió en una demostración de poder y dejó en claro que Nariño no toma medias tintas hasta 2026.
Sin embargo, la calma y el orden eran todo lo contrario a la situación en el Cauca. Ese mismo día, las marchas políticas estaban llenas de rumores y luchas internas. Mientras algunos señalaron al diputado César Cristian Gómez Castro como líder natural, otros confirmaron que el hijo del expresidente Gaviria tomaría las riendas del partido e impulsaría el apoyo a Édgar Gómez. La falta de consenso creó un ambiente de incertidumbre que muchos ven como una lucha de poder abierta sin reglas claras.
Expertos políticos advirtieron que esta división podría debilitar la presencia liberal en el Cauca, mientras Nariño se desarrolla integrada y con una estrategia definida.
Fue anunciado como un día que mostraba dos caras del mismo partido: un área que lograba grandes avances y otra sumida en luchas internas que podrían suponer un duro golpe para el liderazgo liberal. La pregunta que quedaba era: ¿Podrá Cauca unir a su partido antes de que las divisiones internas definan su elección?
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