La carrera hacia las elecciones presidenciales de 2026 en Colombia comienza a evidenciar fracturas dentro del bloque progresista. La más reciente controversia gira en torno al exsenador Roy Barreras, quien ha logrado sumar apoyos sindicales clave, mientras sectores del oficialismo agrupados en el Pacto Histórico han optado por promover la abstención frente a la consulta del próximo 8 de marzo.
Apoyo sindical fortalece a Barreras
En medio de la puja interna por el liderazgo de la izquierda, Barreras ha consolidado respaldos importantes desde el movimiento sindical. La Unión Sindical Obrera (USO) confirmó su apoyo a su aspiración presidencial, destacando su capacidad de articular distintos sectores políticos y sociales en un contexto de alta polarización.
Este respaldo no es menor: los sindicatos han sido históricamente una base clave del progresismo en Colombia. Además de la USO, otros sectores laborales han mostrado afinidad con la candidatura de Barreras, quien se presenta como una figura capaz de tender puentes entre la centroizquierda y sectores liberales, apostándole a una coalición más amplia.
El exembajador también ha insistido en la necesidad de construir una candidatura que trascienda las divisiones ideológicas tradicionales, planteando una convergencia entre el centro político y la izquierda como estrategia para mantener el poder en 2026.
Ruptura con el petrismo y tensiones internas
Sin embargo, el crecimiento político de Barreras no ha sido bien recibido por todos. Desde el Pacto Histórico, coalición de gobierno liderada por el presidente Gustavo Petro, han surgido voces críticas que cuestionan su papel dentro del espectro progresista.
De hecho, sectores cercanos al petrismo han promovido la idea de no participar en la consulta del 8 de marzo, un mecanismo clave para definir liderazgos dentro del bloque alternativo.
El trasfondo del conflicto radica en diferencias estratégicas y políticas: mientras Barreras impulsa un proyecto más amplio y de centro, figuras del Pacto consideran que su candidatura podría diluir la identidad del progresismo o fragmentar el voto de izquierda.
Además, se suma el malestar por decisiones internas y disputas previas sobre reglas electorales, candidaturas y representación dentro de la consulta, lo que ha profundizado la desconfianza entre los distintos sectores.
La consulta del 8 de marzo: punto de quiebre
La consulta interpartidista se perfila como un momento decisivo. Este mecanismo busca medir fuerzas entre distintas corrientes políticas y definir candidaturas, pero ahora enfrenta un escenario complejo:
- Un sector promueve la participación activa.
- Otro, encabezado por voces del Pacto Histórico, llama a no votar.
Esta división podría traducirse en baja participación o en resultados poco representativos, debilitando la capacidad del bloque progresista para llegar unido a las elecciones presidenciales.
El antecedente reciente de tensiones políticas en torno a consultas y reformas —como las impulsadas por el gobierno Petro y bloqueadas en el Congreso— refleja un contexto de alta conflictividad institucional y política en el país.
¿Fragmentación o reconfiguración de la izquierda?
Más allá del episodio puntual, lo que está en juego es el futuro de la izquierda colombiana. La aparición de movimientos alternativos, como el liderado por Barreras con su partido de centroizquierda, evidencia una reconfiguración del mapa político.
Mientras algunos analistas ven estas tensiones como una fragmentación riesgosa, otros consideran que podría tratarse de una recomposición natural del progresismo, en la que distintas visiones compiten por el liderazgo.
Lo cierto es que, a pocas semanas de la consulta, la izquierda colombiana enfrenta uno de sus momentos más decisivos desde la llegada de Petro al poder: definir si prioriza la unidad o permite que las diferencias internas marquen el rumbo electoral.
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