El fraude bancario está aumentando no debido a delincuentes más inteligentes, sino a instituciones muy conservadoras – EXTRA – El informante

El fraude financiero sigue aumentando en el país. Según Asobancaria, en el primer semestre de 2025 se registraron 218.000 denuncias de fraude en canales financieros. Los casos de fraude más reportados son compras en línea (34,5%), fraude digital (26,7%) y robo de datos de tarjetas (14%).

Según un análisis publicado por EPAM Systems Inc. titulado El fraude es sólo un síntoma, la cultura bancaria es la enfermedadEl aumento del fraude se debe a una cultura institucional excesivamente conservadora más que a un problema técnico, ya que los bancos han tratado el fraude como un riesgo tolerable y presupuestable en lugar de verlo como una prioridad de liderazgo.

Y al final, el usuario final es el más afectado. DataCrédito reveló que más del 90% de los colombianos ve estas estafas como un problema común y el 36,6% dice haber sido víctima de estas estafas en el último año. Esta regularidad pone entonces en duda la velocidad de las acciones operativas básicas y plantea la cuestión de si las decisiones se están tomando tarde.

Según expertos de EPAM, una empresa global de tecnología con presencia en Colombia, muchas firmas financieras han abordado durante décadas el fraude desde una perspectiva de cumplimiento regulatorio, enfocándose en ser “suficientemente compatibles” con los reguladores o lograr la paridad con la industria.

Esta es una mentalidad que hoy ya no es suficiente considerando la velocidad del ecosistema bancario, donde los pagos en tiempo real, las identidades sintéticas y el uso extensivo de inteligencia artificial por parte de redes criminales altamente coordinadas son el pan de cada día.

El problema se agrava cuando la prevención del fraude está fragmentada en áreas legales, de riesgo u operativas para evitar la divulgación y retrasar las decisiones. Los equipos responsables de estos sistemas carecen de autonomía, presupuesto y capacidad de innovación, lo que se traduce en respuestas lentas, modelos que tardan meses en actualizarse y arquitecturas tecnológicas que no pueden seguir el ritmo de los ataques actuales.

Esta desconexión cultural tiene un impacto directo en la experiencia del usuario. Los sistemas basados ​​en reglas rígidas producen altos niveles de falsos positivos y rechazos innecesarios. Esto afecta la confianza del cliente y aumenta los costos operativos.

Los ciberdelincuentes ahora se aprovechan de esta rigidez y operan con modelos ágiles, descentralizados y en tiempo real muy similares a los de una startup tecnológica.

El análisis de EPAM sugiere que la verdadera ventaja competitiva en la lucha contra el fraude reside en la capacidad de responder al mismo. Las instituciones que no responden a tiempo pierden dinero, credibilidad, depósitos y márgenes operativos.

Incluso el aumento de los litigios relacionados con la falta de control del fraude está empezando a tener un impacto que va más allá del equilibrio financiero y afecta los costos de adquisición y las reservas de capital.

Como señalan los expertos de EPAM, la prevención del fraude debe ser un mecanismo para proteger los márgenes y el crecimiento. Esto, por supuesto, implica la transición de estructuras centradas en la auditoría y la documentación a modelos de gestión basados ​​en información en tiempo real, análisis de comportamiento y toma de decisiones integradas en la empresa.

Algunas instituciones líderes ya están avanzando en esta dirección, transformando sus equipos antifraude en unidades ágiles con un enfoque en el producto y responsabilidad directa por los resultados.

Estas capacidades permiten una detección de fraude más precisa y permiten nuevos casos de uso, como procesos de incorporación más fluidos, aprobaciones de préstamos en tiempo real y experiencias personalizadas basadas en patrones de comportamiento.

La inacción puede generar pérdidas para el sistema financiero colombiano. El fraude ya no puede tratarse como un requisito de cumplimiento. Enfrentar este problema es una verdadera prueba de liderazgo. La reputación está en juego y, cuando se pierde, también lo está la confianza, que es lo más difícil de reconstruir.

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