El 24 de marzo de 2026 se cumple el centenario del natalicio de Rogelio Echavarría. Este ensayo reconoce la obra de este poeta colombiano.
En entrevista concedida a Rosa Jaramillo en 1978, Rogelio Echavarría (Santa Rosa de Osos, Antioquia, 24 de marzo-1926, Bogotá, 29 de noviembre-2017), declaró:
Empecé a escribir poesía cuando era niño, cuando sentí por primera vez el peso de la soledad, de la orfandad. […] y cuando tuve los medios elementales para hacerlo, proporcionados por la lectura de los versos que aparecían en los libros de texto escolares. Ahora escribo muy de vez en cuando, ya que no soy un «poeta profesional». No entiendo cómo puedes ser un ‘poeta a tiempo completo’. La poesía es algo mucho más importante. Mis poemas son el resultado de momentos, a veces ligados al arduo trabajo, otras veces abandonados espontáneamente a su propia inmadurez (1978, p.102).
En el transeúnte (1), en la edición de 1977, Echavarría reúne 31 poemas, que tocan el misterio de la vida cotidiana con una palabra precisa, esencial, que supera la tradicional grandilocuencia y retórica colombiana. Libro de síntesis poética, que fluye entre la imagen y lo coloquial. En palabras de Romero (1985), Echavarría “emprende en su obra una lucha rigurosa para lograr darle a la vida cotidiana la carga de misterio que le corresponde, para establecer los vasos comunicantes entre el presente de nuestro estar en la calle y el presente infinito y oscuro de nuestra existencia”. (pág. 158).
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