Escuchas telefónicas del caso UNGRD revelaron falsamente una línea utilizada por el presidente Petro – – El informante

Las escuchas telefónicas autorizadas por la Corte Suprema en la investigación de fraude de la UNGRD derivaron en un incidente inesperado: dos números registrados a nombre de Jaime Ramírez Cobo—amigo cercano de Laura Sarabia y padrino de su matrimonio—fueron utilizados por el entonces director ejecutivo Dapre y el presidente Gustavo Petro. Según un informe citado por la revista Semana, los investigadores ordenaron que la vigilancia se detuviera inmediatamente cuando cruzara líneas, ya que sería una imposibilidad legal interceptar las comunicaciones del jefe de Estado.

La respuesta contrastó con precedentes como el caso del expresidente Álvaro Uribe, cuyo teléfono estuvo intervenido por error durante semanas y cuyas grabaciones terminaron siendo confirmadas por la justicia. Por este motivo, la sospecha de que una de las líneas intervenidas pudiera pertenecer o ser utilizada por el presidente fue suficiente para detener inmediatamente las escuchas. El tribunal también reiteró que ninguna conversación entre los investigados y sus abogados podría utilizarse como prueba.

Un expediente técnico citado en la investigación indica que el 1 de noviembre de 2024 se recibió una llamada del día anterior, de seis minutos y seis segundos de duración, en la que el llamante se dirigió al hombre al otro lado de la línea como «Señor Presidente» y le agradeció efusivamente. Si bien el material no tenía relevancia criminal, los investigadores notificaron al Departamento de Justicia que el número interceptado podría corresponder a Gustavo Petro, quien activó el stop motion.

Este descubrimiento se produjo en medio de una operación mucho mayor. En agosto de 2024, el Tribunal Supremo había ordenado intervenir los teléfonos de varios diputados del Comité de Crédito, acusados ​​de favorecer a millonarios internacionales a cambio de acuerdos. Entre los investigados se encuentran los senadores Liliana Esther Bitar y Juan Pablo Gallo, los diputados Julián Peinado y Karen Manrique y el excongresista Juan Diego Muñoz. Las escuchas telefónicas se realizaron durante casi un año en la sala Zeus Oro de la fiscalía.

Los investigadores descubrieron que los parlamentarios evitaban discutir temas delicados más allá de las llamadas telefónicas tradicionales, prefiriendo usar aplicaciones de mensajería cifradas como WhatsApp. Los informes de la policía forense indican repetidamente que este era el principal canal para el intercambio de información peligrosa.

El número de teléfono de la madre de María Alejandra Benavides, principal testigo del caso, también apareció en la lista de líneas intervenidas, porque la exasesora de Hacienda lo utilizó para proteger su privacidad. Asimismo, compareció la jefa de Benavides, Andrea Ramírez, encargada de gestionar la tabla de cuotas indicativas, herramienta supuestamente negociada en obras públicas para apuntalar apoyo político.

La red de intervenidos incluía a Diana Carolina Martínez, secretaria de Olmedo López; Jaime Ramírez Cobo; a los contratistas Óscar Cárdenas y Édgar Niño; y Yacir Ramírez, exasesor de la UNGRD. La escala de la lista muestra la dimensión de un proceso que podría convertirse en el mayor escándalo de corrupción del actual gobierno.

A pesar de los intentos de algunos involucrados de defenderse, algunas conversaciones revelaron las presiones del proceso. Un resumen de las llamadas dejó constancia de que Juan Pablo Gallo había sido advertido de que podría ser detenido «en un mes». En otro, el propio senador dijo que estaba siendo investigado por «ayudar al ministro» y habló de persecución política. La diputada Karen Manrique, acusada de redactar el documento que fue considerado la principal prueba del caso, aseguró en una llamada telefónica que la Corte Suprema es «política» y que la justicia tiene un «sesgo político». Por su parte, el excongresista Juan Diego Muñoz dijo que el proceso se volvió «muy mediático» y que no participaría en «tonterías», en referencia a las acusaciones que enfrenta.

Lo más delicado, sin embargo, fue el cruce de líneas que terminaron involucrando indirectamente a la Casa de Nariño. Que una línea utilizada por el presidente Petro estuviera registrada a nombre de Jaime Ramírez Cobo y que otra fuera utilizada por Laura Sarabia encendió la alarma de los investigadores y motivó la decisión inmediata de cancelar las escuchas telefónicas. Según los documentos citados por Semana, si bien la llamada interceptada no tenía valor probatorio, la posibilidad de interceptar al presidente fue suficiente para detener la vigilancia.

86

Compartir :