La brecha de género en 2026 propicia avances mínimos y representa un desafío urgente para Colombia – EXTRA – El informante

Según el último estudio de OBS Business School, la brecha de género está aumentando, pero a un ritmo que dista mucho de ser transformador. El informe “La desigualdad que no se ve: Gender Gap Report 2026” de Marta Grañó Calvete, profesora de la compañía, constata que el aislamiento global ha aumentado del 68,4% al 68,8%, una mejora de apenas 0,4 puntos porcentuales en un año. “El problema no es la falta de diagnóstico, sino la lentitud estructural del cambio”, afirma el autor del estudio, que advierte de que la igualdad sigue avanzando a un ritmo incompatible con los retos económicos actuales.

Persisten las desigualdades en el acceso a los ingresos, el liderazgo y la tecnología. A nivel internacional, el informe señala que las mujeres siguen cobrando, en promedio, alrededor de un 20% menos que los hombres por trabajos equivalentes y ocupan menos del 29% de los empleos técnicos, siendo el número en puestos directivos aún menor. A nivel mundial, el 70% de los hombres utilizan Internet en comparación con el 65% de las mujeres, lo que significa que 189 millones más de hombres están en línea. «La economía digital no es neutral; si la participación femenina en los sectores de más rápido crecimiento es menor, la brecha será mayor en el futuro», advierte la experta.

En Colombia, las cifras confirman que la desigualdad tiene un impacto directo en los ingresos, el empleo y el bienestar. ONU Mujeres y el DANE informaron que en 2023 el 30,4% de las mujeres mayores de 15 años no tenía ingresos propios, frente al 11,7% de los hombres, aunque la cifra mejoró respecto a 2020, cuando alcanzó el 39,1%. La brecha de desempleo también se redujo de 6,7 a 4,6 puntos porcentuales entre 2021 y 2023, cifra inferior al nivel anterior a la pandemia. Sin embargo, existe un claro sesgo de género en la pobreza: por cada 100 hombres que viven en la pobreza, hay 121 mujeres.

El informe también aborda los niveles cultural y simbólico. Entre el 50% y el 60% de los hombres menores de 30 años en varios países occidentales creen que las políticas de igualdad de género los han perjudicado, mientras que el 52% de los jóvenes de entre 16 y 24 años creen que el feminismo ha superado sus objetivos. Esta percepción contrasta con los indicadores estructurales y, según el autor, revela “una discrepancia entre los datos objetivos y la narrativa social”.

En comparación con el trabajo de cuidados, este sigue siendo el núcleo de desigualdad más resiliente. Según las cifras del informe, cada día se dedican más de 16 mil millones de horas a tareas no remuneradas en todo el mundo, y las mujeres dedican 2,5 veces más tiempo a estas tareas que los hombres. La Organización Internacional del Trabajo estima que 708 millones de mujeres están excluidas del mercado laboral debido a responsabilidades de cuidado. En algunos países, el valor económico de este trabajo puede superar el 40% del PIB, aunque queda fuera de los marcos tradicionales de toma de decisiones económicas.

La carga del cuidado no remunerado en Colombia refuerza esta desigualdad estructural. Según datos oficiales del DANE, las mujeres dedican un promedio de 7 horas y 44 minutos diarios a estas tareas, mientras que los hombres dedican más del doble de tiempo, 3 horas y 6 minutos. Esta diferencia limita su plena participación en el desarrollo económico, social y ambiental.

La crisis climática también tiene efectos diferentes. En Colombia, el 29,2% de los hogares encabezados por una mujer experimentan inseguridad alimentaria moderada o grave, en comparación con el 23,6% de los hogares encabezados por un hombre, según el DANE. En el área rural, la cifra se eleva al 35,3%, alcanzando el 43,7% en hogares encabezados por una mujer jefa indígena y el 41,3% en hogares encabezados por una mujer jefa afrocolombiana.

Sin embargo, también hay avances. Según la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, Bogotá lidera el Índice de Igualdad de Género 2024 con 7,16 sobre 10, mejorando 26 puntos porcentuales y posicionándose como el entorno más favorable para las mujeres del país. La participación femenina en la fuerza laboral en el capital aumentó un 4,4% entre 2023 y 2024, superando el aumento de los hombres (2,5%). La brecha de participación en la fuerza laboral se mantuvo por debajo del promedio nacional (15,1 puntos frente a 24 puntos). La tasa de empleo femenino en Bogotá es del 57,1%, superior al promedio nacional del 45,7%, estando bien representado el empleo en la administración pública, la educación y la salud.

El informe destaca que una parte importante de la desigualdad de género persistirá en 2026 porque sigue desenfocada y no siempre se refleja en las estadísticas tradicionales ni en los indicadores que guían las decisiones públicas y privadas. Más allá de las brechas visibles en salarios, liderazgo o acceso formal a oportunidades, la desigualdad se reproduce en dimensiones cotidianas, culturales y cognitivas que la sociedad tiende a normalizar. El estancamiento en el cierre de la brecha global y el aumento de las percepciones que cuestionan la necesidad de políticas de igualdad revelan una tensión entre la igualdad percibida y la igualdad real.

Finalmente, el análisis también muestra que esta invisibilidad no es accidental sino estructural, ya que responde a sistemas históricamente diseñados según un estándar masculino y tiene implicaciones para la salud, la representación simbólica y el desarrollo tecnológico. La subrepresentación de las mujeres en los ensayos clínicos, los sesgos en los algoritmos o la escasa presencia de las mujeres en los espacios de poder mediático refuerzan desigualdades que pueden incluso agravarse en la era digital. En este contexto, el informe propone un doble horizonte de acción: una redistribución responsable de los cuidados y el reconocimiento del trabajo diario esencial, y un rediseño de las políticas, la investigación y la tecnología con datos desglosados, controles de sesgos y diversidad real en la toma de decisiones a nivel estructural. La conclusión es clara: lo que no se mide no se transforma. Hacer visible significa cambiar las reglas para acortar la distancia entre la igualdad declarada y la igualdad realmente vivida.

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