
Durante el último siglo, la dinámica del sistema económico colombiano registró signos de debilitamiento y una tendencia a la baja. La estructura productiva está polarizada entre el sector primario y terciario, mientras que el sector secundario va decreciendo; la acumulación privada decae y el Estado se convierte en el motor de la demanda, transfiriendo recursos del sector productivo a los usuarios del rentismo improductivo, dentro del déficit fiscal crónico y la creciente deuda pública y privada; la distribución del ingreso es extremadamente desigual y conservadora; la productividad laboral es baja y no crece; El mercado laboral es informal, inestable e inseguro, agitado por constantes conflictos de clases y violencia.
Economía política nacional
Existe una fuerte sinergia entre las instituciones económicas y políticas. Aunque la economía es una condición material necesaria y objetiva para el mantenimiento del sistema, son los factores políticos e ideológicos los que deciden el destino del sistema. Esta realidad también es evidente en Colombia (1925-2025), siglo durante el cual el sistema económico registró señales evidentes de pérdida de dinamismo y productividad, además de inestabilidad, conflictos y crisis recurrentes.
En el enfoque cíclico inicial de esta realidad en sus últimos años, confirmamos que la evolución de la economía nacional es bastante inestable: en 2020 el PIB fue negativo 7,2 por ciento, en 2021 volvió a 10,8, en 2022 llegó a 7,3, en 2023 registró un debilitamiento en 2020 y en 2023 1,7 por ciento. En el período 1925-1924, su crecimiento promedio fue de 4,1 por ciento en un contexto turbulento e inestable, lo que se manifestó en un coeficiente de variación de los datos de 66,6 por ciento (la relación entre la desviación estándar y el valor medio) y un rango de variación, entre los valores mínimo y máximo, de 18 puntos porcentuales.





