La Generación Z no está rompiendo las reglas financieras por rebeldía, sino por contexto. Son la primera cohorte que llegó a la adultez en medio de inflación persistente, empleos flexibles, crisis climática y digitalización total del consumo. En Colombia, México y América Latina, su relación con el dinero no responde al modelo tradicional de “ahorrar primero, gastar después”, sino a una lógica híbrida, compuesta por experiencias prioritarias, inversión temprana, consumo digital y ahorro defensivo.
El dato clave no es que usen más tecnología, sino cómo toman decisiones. En Colombia, el 23% de los jóvenes de la Generación Z ha realizado compras online por recomendación de influencers, según el Future Consumer Index 2024 de EY. Esto demuestra que el consumo ya no es únicamente racional o comparativo en precio, sino social y validado digitalmente. Además, información de NielsenIQ, menciona que el 44% inicia su búsqueda de productos en línea, el 40% utiliza motores de búsqueda y el 30% explora redes sociales antes de comprar. Sin embargo, el 35% todavía visita tiendas físicas. No abandonan el mundo offline: lo integran. La diferencia es que el proceso comienza en digital. “La Generación Z no distingue entre consumo físico y digital. Para ellos es una sola experiencia integrada, donde la recomendación y la confianza pesan más que la publicidad tradicional”, explica la Dra. Liduvina Valencia Márquez, docente experta de BIU University Miami (Broward International University).
El gasto de esta generación revela un cambio estructural. Según ANATO, el 61% busca experiencias turísticas con impacto positivo en comunidades locales y el 51% cambiaría su destino por uno menos popular si reduce su huella ambiental. Aunque el 73% prioriza opciones inteligentes en costo, el 45% planea aumentar su gasto en viajes en 2025. El reporte Gen Z LATAM: Mitos, Verdades & Tendencias de Samy confirma que el 58% considera los viajes una prioridad y el 51% prefiere invertir en festivales y conciertos. El dinero, entonces, no se orienta únicamente a acumulación de patrimonio, sino a construcción de identidad y bienestar emocional.
Sin embargo, el cambio más profundo está en cómo conciben el ahorro. El informe 2025 de Bank of America señala que el 55% de la Generación Z no tiene ahorros suficientes para cubrir tres meses de gastos, y el 53% siente que no gana lo necesario para vivir como quisiera.
Esto explica por qué sus prioridades financieras se han desplazado hacia el corto plazo. Según el World Economic Forum, el 51% de los jóvenes prioriza el ahorro para emergencias, mientras disminuye el enfoque en jubilación. Al mismo tiempo, el 57% se da pequeños “caprichos” al menos una vez por semana y el 59% reconoce que esto puede llevarlos a gastar de más. Aquí aparece el fenómeno del “gasto invisible”: suscripciones, microtransacciones y pagos fraccionados que no siempre se perciben como deuda acumulada. “Es una generación financieramente activa, pero emocionalmente presionada. Ahorran por miedo a la inestabilidad, pero consumen para mantener bienestar y conexión social”, la Doctora Valencia, experta de BIU.
El vínculo entre trabajo y dinero también cambió. Según Deloitte, el 89% considera que el propósito es clave para su bienestar laboral y solo el 6% aspira prioritariamente a puestos de liderazgo. Prefieren equilibrio, aprendizaje y desarrollo de habilidades antes que jerarquía corporativa.
Esto impacta su forma de planificar ingresos, diversifican, trabajan por proyectos y valoran flexibilidad más que estabilidad tradicional. El dinero no es únicamente meta, es herramienta para sostener estilo de vida y propósito personal.
¿Qué implicaciones tiene para Latam? En una región que envejece rápidamente, según Kantar, en 2050 los mayores de 50 años representarán casi el 40% de la población latinoamericana la Generación Z es el presente del consumo y el futuro del sistema financiero.
Están cambiando las reglas en tres frentes:
1. Consumen por influencia y valores, no solo por precio.
2. Priorizan liquidez y experiencias sobre acumulación a largo plazo.
3. Invierten temprano, pero con foco en contingencias.
Entender cómo esta generación administra su dinero no es solo observar hábitos juveniles. Es anticipar cómo evolucionarán el ahorro, el crédito, el consumo y la estabilidad económica en Colombia, México y América Latina durante la próxima década. La Generación Z no está eliminando las reglas financieras tradicionales. Está escribiendo otras nuevas, adaptadas a un mundo más incierto, más digital y más inmediato.
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