Todo indica que una de las disputas geopolíticas más relevantes del siglo XXI tendrá lugar sobre la disponibilidad de medicamentos. A diferencia de insumos como los semiconductores, el sector farmacéutico ha sido abordado durante décadas como un problema técnico o comercial más que como un eje de poder global. Sin embargo, detrás de su producción, regulación y circulación se configuran dependencias, asimetrías de poder e instrumentos de influencia. Pensar en la geopolítica de los medicamentos implica analizar exactamente esa dinámica. Este enfoque conecta tres niveles que casi nunca se analizan juntos: la economía política que define las reglas del juego, la selección racional que obliga a priorizar las drogas que realmente importan y la logística territorial que determina si esas drogas llegan o no a quienes las necesitan.
La geopolítica contemporánea de las drogas se estructura en torno a una paradoja: si bien los genéricos respaldan el acceso diario a los tratamientos, su producción depende de cadenas globales cada vez más concentradas. Si bien los profesionales de la salud se preocupan por el impacto de los medicamentos nuevos y costosos, la mayor amenaza reside en la posible interrupción del suministro de medicamentos viejos y baratos. Sostenemos dos hipótesis para analizar esta creciente amenaza. La primera hipótesis: Disponibilidad de medicamentos como punto decisivo para la sostenibilidad de los gobiernos. El consumo global de medicamentos aumenta constantemente, impulsado por el envejecimiento, las enfermedades crónicas y la medicalización de la vida. La interrupción del tratamiento ya no es un problema clínico individual, sino un factor de inestabilidad colectiva. En los países de ingresos bajos y medios, la escasez ha debilitado a los gobiernos, como en Sudáfrica con medicamentos antirretrovirales o Venezuela con escasez de insulina. En países de altos ingresos como Francia y el Reino Unido, la escasez también se ha politizado, afectando la gobernanza. La medicina se ha convertido en un bien políticamente irremplazable.
La segunda hipótesis: la hegemonía china en la producción de ingredientes activos que apoyan la salud global. Los sistemas de salud se han centrado en financiar medicamentos monopólicos, mientras que la adquisición de medicamentos genéricos se ha desplazado hacia el este. Aunque India es el mayor productor de medicamentos genéricos terminados (14% del suministro total mundial), el 40% del suministro global depende de ingredientes activos chinos (API), una proporción que alcanza el 80% en antibióticos clave. Este control de insumos críticos otorga a China un enorme poder estructural. Occidente se enfrenta a una vulnerabilidad estratégica: si China restringe la exportación de API de antibióticos, en unas semanas habría escasez en mercados como Estados Unidos, donde siete de cada diez personas usaron antibióticos en 2022. En ese punto, la salud global deja de depender únicamente de médicos y hospitales y también comienza a depender de quién controla la entrada del invisible pchetharm.
Campo de batalla logístico: cuando una guerra lejana golpea tu farmacia
Esta vulnerabilidad no es teórica. Un conflicto como el que involucra a Irán muestra cómo la geopolítica afecta la salud pública incluso en regiones tan lejanas como América Latina. La interrupción de las rutas comerciales en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte marítimo, retrasa y aumenta el coste del flujo de productos farmacéuticos. Muchos medicamentos genéricos fabricados en la India dependen de API y rutas que pasan por esa región. Las consecuencias directas, según informes de prensa y análisis de organizaciones como Direct Relief, son retrasos en las entregas, aumento de los costos de transporte y seguros, y una presión financiera insostenible sobre los sistemas de salud. La guerra eleva el precio del petróleo, aumenta el precio de los fertilizantes y otros derivados químicos esenciales para la industria farmacéutica. Esto no sólo afecta la ayuda humanitaria y las campañas de vacunación, sino que amenaza con interrumpir la producción de antibióticos, analgésicos y tratamientos cardiovasculares de los que dependen millones de personas. Para América Latina, el impacto es indirecto pero real: mayores costos y posible escasez si el conflicto se prolonga.
Fuerza, salud y territorio.
Tal como ocurrió con el carbón en el siglo XIX o con el petróleo en el siglo XX, el carácter estratégico de los medicamentos sólo se hace realidad cuando su suministro ya no se da por sentado. La geopolítica de los medicamentos revela una profunda transformación del poder. El acceso a la salud ya no depende sólo de la innovación o el consumo, sino de arquitecturas productivas concentradas y frágiles. Los Estados centraron su atención en controlar el consumo de productos monopolísticos, al tiempo que delegaban el suministro de insumos básicos al mercado global. Sin embargo, el verdadero talón de Aquiles de la salud puede residir en la disponibilidad de aquellos componentes críticos que, aunque baratos y viejos, respaldan la mayoría de los enfoques cotidianos de la salud. La seguridad sanitaria del siglo XXI requiere una nueva cartografía del poder, que entienda que la soberanía también se defiende en las rutas marítimas, en las instalaciones de fabricación de API y en la capacidad de garantizar que el tratamiento adecuado llegue a la persona adecuada, en el momento adecuado.
9 de abril de 2026
a, Alejandro Svarch* y Federico Tobar**
*Director General del IMSS-Bienestar. México. Ciudad de México
**Asesor del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Kenia. Nairobi

