NUEVA INFRAESTRUCTURA TERRITORIAL El informante

Las veredas Tunurco y Quintero vivieron el pasado 2 de diciembre una jornada decisiva que marcó el inicio de una transformación largamente esperada. Después de más de medio siglo sin inversiones definitivas en sus vías, ambas comunidades comenzaron a ver avances concretos en la construcción de placas huella, proyectos ejecutados mediante convenios con las Juntas de Acción Comunal y con el respaldo de la administración municipal.

Durante el encuentro con lideresas y líderes de Tunurco, la comunidad expresó su satisfacción al evidenciar que, por primera vez en 52 años, se impulsaban obras capaces de ofrecer soluciones reales a los tramos más críticos de su red vial. Los habitantes destacaron que la coordinación entre la comunidad organizada y las autoridades locales permitió activar procesos que durante décadas parecían inalcanzables.

Fuerza comunitaria

Tras la reunión, las autoridades se desplazaron a la zona donde avanzaba la construcción de la placa huella en Tunurco. En el lugar dialogaron con el presidente de la Junta de Acción Comunal y con los grupos de trabajo encargados de la autoconstrucción, quienes explicaron cómo la participación directa de la comunidad había sido clave para acelerar los progresos y garantizar transparencia en cada etapa del proyecto.

Este modelo revivió prácticas de cooperación rural profundamente arraigadas, donde el trabajo colectivo se convierte en motor de desarrollo y en herramienta para suplir años de ausencia institucional. Para los habitantes, esta obra representó no solo un mejoramiento vial, sino una oportunidad para fortalecer el sentido de pertenencia y el tejido social.

Desarrollo en dos veredas

En compañía de la presidenta del Concejo Municipal, Gladis Sarria, se recopilaron datos esenciales para planificar intervenciones futuras que continúen impulsando el desarrollo de estas zonas rurales. La presencia institucional permitió ratificar el compromiso con veredas que llevan más de cinco décadas reclamando inversiones estructurales.

En Quintero también avanzaba una placa huella de 200 metros, construida mediante autogestión comunitaria. Sus habitantes destacaron que este proyecto simbolizaba un cambio real en su calidad de vida: mejor conectividad, mayor facilidad para transportar productos agrícolas y una esperanza renovada tras años de olvido.

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