En las últimas semanas, las encuestas que miden la intención de voto presidencial han mostrado variaciones notables en sus resultados, incluso para los mismos candidatos. En Colombia, por ejemplo, algunos sondeos ubican a Iván Cepeda con una amplia ventaja, mientras que otros muestran porcentajes diferentes para los mismos aspirantes y cambios en el orden de la preferencia ciudadana.
Estas discrepancias han despertado inquietud entre el público y los medios de comunicación, que se preguntan: ¿qué tan fiables son las encuestas electorales? ¿Por qué varían tanto entre una medición y otra? ¿Qué factores técnicos y contextuales influyen en estas diferencias?
Analistas políticos y expertos en metodología de encuestas coinciden en que no existe una sola respuesta simple, sino una combinación de factores estadísticos, técnicos, contextuales y sociales que explican por qué las encuestas pueden arrojar resultados distintos para una misma contienda electoral.
1. Diferencias en métodos de muestreo y tamaño de la muestra
Uno de los factores principales detrás de las variaciones entre encuestas es la forma en que se construye la muestra de personas encuestadas. Cada firma consultora decide qué segmentos de la población incluir —por ejemplo, por edad, región, nivel educativo o preferencia política declarada— y qué método usar (teléfono, entrevistas presenciales, encuestas online, etc.).
Estas diferencias de muestreo tienen consecuencias directas: si dos encuestas contactan a grupos demográficos distintos, pueden surgir diferencias de varios puntos porcentuales en los resultados. Incluso cuando las muestras son del mismo tamaño, pequeñas variaciones en quiénes responden pueden generar resultados distintos dentro del margen de error.
2. Tiempo y contexto en que se realizan las encuestas
El momento en que se hace la encuesta influye en los resultados. Las encuestas medidas con días de diferencia capturan “fotografías” del momento político, por lo que eventos recientes —debates, escándalos, anuncios de campaña, noticias económicas o sociales— pueden modificar rápidamente las preferencias.
Además, en campañas largas con varias semanas por delante, muchos electores siguen indecisos o pueden cambiar de opinión entre una medición y otra, especialmente cuando la contienda es fragmentada y ningún candidato tiene un apoyo consolidado.
3. Técnicas estadísticas: ponderación y corrección de sesgo
Las firmas encuestadoras aplican métodos estadísticos para “ponderar” las respuestas, es decir, dar más o menos peso a ciertos grupos de encuestados para que la muestra se parezca más a la población total. Si se realiza diferente ponderación según edad, género, región o nivel educativo, pueden surgir estimaciones distintas incluso con los mismos datos brutos.
Por ejemplo, algunas encuestadoras ponderan según la “votación recordada” de elecciones anteriores para asegurar que el perfil del electorado se ajuste a la realidad del pasado. Pero esta técnica puede introducir errores si las personas recuerdan mal o si la dinámica electoral cambia con respecto a ciclos previos.
4. Definición de “votante probable” vs “votante registrado”
Otra fuente de discrepancia es la definición de quiénes son considerados votantes “probables”. Algunas encuestas solo cuentan como válidas las respuestas de personas que manifiestan con certeza que votarán. Otras incluyen a indecisos o a registros más amplios de población con intención de votar “posiblemente”, lo que modifica las proporciones.
Esta diferencia en criterios de inclusión hace que los porcentajes de intención de voto cambien notablemente entre una medición y otra.
5. Número de encuestadoras y pluralidad metodológica
El entorno actual de sondeos es más diverso que en décadas anteriores. El número de encuestadoras ha aumentado y no todas usan métodos iguales —algunas dependen más del teléfono, otras del internet o paneles mixtos—. Esta diversidad metodológica amplía las probabilidades de que surjan diferencias.
Además, en algunos contextos políticos, como el colombiano o el venezolano, la proliferación de encuestas con diferentes metodologías y calidad —incluyendo las que no siempre publican ficha técnica completa— contribuye a un panorama menos uniforme.
6. El papel del margen de error y la volatilidad electoral
Todas las encuestas incluyen una medida de incertidumbre llamada margen de error. Dos encuestas pueden estar técnicamente dentro del mismo rango de variación, incluso si sus cifras parecen distintas a simple vista. Por ejemplo, un candidato que aparece con 28% en una encuesta y 30% en otra puede estar dentro del margen de error estadístico.
Además, en contextos políticos donde hay alta volatilidad —muchos indecisos, múltiples candidatos y pocos apoyos fuertemente arraigados—, las preferencias pueden fluctuar con mayor frecuencia, lo que también se refleja en encuestas distintas.
Conclusiones de expertos
Los analistas coinciden en que las encuestas no deben tomarse como predicciones definitivas de quién ganará una elección, sino como instrumentos que muestran tendencias temporales y estados de opinión pública en momentos concretos.
Las variaciones entre encuestas no implican necesariamente que una firma esté equivocada y otra no. Simplemente reflejan diferencias en cómo se aplican las metodologías, quiénes responden, cómo se ponderan los datos y en qué contexto se realiza cada medición.
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