Tierras raras y otros minerales críticos: carrera al abismo – El informante

La transición energética, una realidad que afecta y está cambiando nuestras vidas, es tema diario en nuestras conversaciones. De asunto de especialistas se transformó en muletilla de unos y otras. No es extraño en ella, por tanto, el conjunto de cambios en los modelos de producción, distribución y consumo de la energía, sustituyendo los combustibles fósiles, reorganizando el mercado de la electricidad e integrando a las energías renovables para evitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Y a su par, el uso de tierras raras y minerales críticos.


¿Qué son los minerales críticos o estratégicos?

Son aquellos necesarios para generar energía renovable, producir tecnologías no concomitantes y facilitar la trnasición hacia un futuro más sostenible y con bajos niveles de carbono.


Me decía un conocido que esto de la transición energética impacta toda nuestra vida. Vea, me explicaba con ejemplos: “es comprar un carro eléctrico para sostener la transición hacia la movilidad verde en vez de uno térmico; es instalar la energía solar en las viviendas –una bomba, le digo aquí en voz bajita, de aire para el sistema de climatización–, entre otras muchas variables”. Lo miro pasmado, y le digo: ¡qué maravilla!, ¿es así como contribuimos a reducir las emisiones de CO2 y el consumo energético?

Es una paradoja, me dice él: si no fuera porque todas estas soluciones ecológicas requieren de tierras raras y minerales críticos para funcionar, cuya extracción es devastadora y cuyo largo y pesado proceso de adecuación es ultra contaminante y tóxico, la transición sí sería efectiva, y el propósito de parar el cambio climátíco se vería muy pronto en datos concretos. Pero no es así.

Entonces, le comento, ahora resulta que la transición depende, en lo fundamental de nuestros usos y consumos cotidianos, y mientras tanto las grandes empresas depredadoras quedan en la sombra. Vea, redondeo lo que le venía diciendo: ¡la gran paradoja de la transición ecológica es que destruimos y contaminamos tremendamente en la fase inicial para un “uso ecológico de buena conciencia” en la fase final!

Qué realidad tan contradictoria la que estamos viviendo, le digo a mi amigo. Todo indica que la carrera por las tierras raras simboliza hoy ese círculo vicioso y arriesgado por el cual nuestro futuro corre el riesgo de derrumbarse y desaparecer.

Más complejo, me responde él, mirándome con fijeza: hay tierras raras, según los estudios más recientes, y el actual ritmo de su consumo y producción1, para 430 años. Y su potencial de reciclaje aún es menor. Además, enfatiza en sus palabras, la cosa es peor, de aquí al 2040, corremos el riesgo de enfrentarnos a una escasez2 de minerales críticos debido al aumento de su demanda, como sucede con el litio (40 veces más), el cobalto (20 veces), el cobre (3 veces). La gente no se imagina, me dice con voz preocupada, pero según la Agencia Internacional de la Energía, las minas en explotación y los proyectos que entrarán en producción solo permitirán cubrir el 70% de la demanda de cobre proyectada hasta el 2030. En cuanto al litio, su oferta solo satisfará el 50% del consumo.

Vaya, vaya, le digo con ánimo de ir despidiéndolo, y el contrasentido más grande de todo esto es que estos minerales no son renovables y peor aún, son humana y socialmente desastrosos dado que provocan y retroalimentan conflictos armados, además de estar ya en el centro de la disputa entre imperios y potencias, reorganizando peligrosamente el tablero mundial entre estos centros de poder así como en las relaciones Norte-Sur.

Despedida de mi amigo, me fui a casa a revisar con precisión todo lo conversado, sus antecedentes más importantes y sus más amplias características a todo nivel, y de ello me salió el artículo que va a continuación.

¿Qué son las tierras raras y los minerales críticos?

El término «tierras raras» agrupa 17 metales y compuestos metálicos que se consideran críticos debido a sus propiedades electromagnéticas y catalíticas excepcionales –conductores potentes, magnetismo notable, resistencia a temperaturas extremas– que los hacen imprescindibles en las tecnologías de punta.

Desde la década de 1950 las tierras raras se han vuelto progresivamente indispensables para numerosas industrias: por aquellos años empezaron a utilizarse para las piedras de los encendedores, la yesca de fósforos de fricción, la fabricación de vidrios e imanes, las aleaciones para mejorar la resistencia de los metales hasta hoy en lo digital (teléfonos móviles, discos duros, pantallas); energía (turbinas eólicas marinas, motores de automóviles eléctricos e híbridos); médico (aparatos, TAC, robots); armamento (radares, láseres, drones, misiles), e IA –inteligencia artificial– (cobre para cables y conductores de centros de datos). Lo que los convierte, así como a los minerales críticos –el litio, el cobalto y el cobre–, en recursos muy codiciados.

¿Por qué son raras y por qué críticos?

A diferencia de lo que su nombre sugiere, las tierras raras, en efecto, no son raras. De hecho, se encuentran en cantidades relativamente abundantes y son bastante comunes en la corteza terrestre. Pero rara vez se encuentran en estado puro en la naturaleza, como sí sucede con el petróleo o el carbón, sino que suelen estar presentes en minerales, lo que multiplica la dificultad para su extracción y la complejidad de su procesamiento.

Y los minerales se consideran críticos cuando son de alta importancia económica, porque su abastecimiento es o se vuelve difícil, o porque existe un inicio de escasez. Un elemento esencial en esta definición es la vulnerabilidad de la cadena de suministro debido a los riesgos asociados con las posibles interrupciones en el suministro, debido ello a posibles problemas en materia de gobernanza, a riesgos políticos o la concentración excesiva de la producción en unos pocos países.

Conocidos desde hace décadas y ahora en boca de todo el mundo, su importancia crece a medida que el mundo tiende a alejarse de los combustibles fósiles, potenciando su importancia, la cual, con el paso de los años permite vaticinar que será igual o mayor a la alcanzada por el carbón en el siglo XIX y el petróleo en el siglo XX.

Según uno de los escenarios previstos por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda de metales necesarios para la transición energética podría duplicarse de aquí al 2030. Incluso podría multiplicarse por cuatro si las políticas y trayectorias adoptadas se alinearan con los objetivos del Acuerdo de París sobre el clima3.

Daño ambiental en la extracción y en la transformación

Apropiados por la industria como los canales indispensables para sustituir al petróleo y al carbón como fuentes ideales para generar energía, en su extracción de la naturaleza la afectan de manera grave. Esto sin dejar de lado que parte de la maquinaria necesaria para llevar a cabo su extracción sigue funcionando con derivados del petróleo.

Veamos. ¡El 95% de la roca extraída para encontrar tierras raras no las contiene! Es necesario triturar unas 50 toneladas de roca para obtener un solo kilo de galio, y hasta 1.200 toneladas para un kilo de lutecio.

Por demás, en los últimos treinta años, la demanda de estos metales se ha más que triplicado. Por ejemplo, entre el 50 y el 60% del tantalio extraído cada año en todo el mundo es consumido por el sector TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones). Lo mismo ocurre con los minerales críticos. Entre 2017 y 2022, el consumo mundial de litio creció más de tres veces; por su parte, el consumo de cobalto aumentó un 70% y el de níquel un 40%.

Como sucede con el carbón, el petróleo y gran parte de la minería, la extracción de tierras raras también provoca una grave degradación del suelo y del paisaje. Por cada tonelada de óxido de tierras raras extraída se generan entre 1.300 y 1.600 m3 de residuos, algunos de ellos radiactivos. Las minas a cielo abierto así explotadas para extraer los hoy preciosos minerales, destruyen la vegetación y provocan la deforestación, la alteración de los ecosistemas locales, la desaparición de hábitats naturales y contaminan los ríos y las capas freáticas. Además, el suelo queda estéril e inutilizable para la agricultura o cualquier vida silvestre.

Igualmente, implica el uso de procesos químicos especialmente contaminantes, en particular por la utilización de ácidos sulfúrico y nítrico.

Producto de ello, tres millones de hectáreas de tierra están devastadas por la actividad minera en China, lo que equivale a cerca de 520 veces la superficie urbana de Bogotá. Una grave afectación ambiental en ascenso, toda vez que el número de yacimientos de extracción de tierras raras allí existentes ha pasado de 117 en 2010 a 3.085 en la actualidad.

Como en otras explotaciones mineras, su extracción también requiere enormes cantidades de agua. Las etapas de trituración y concentración (cuando se separan los metales de los elementos sin valor) representan por sí solas el 70% del agua consumida en una mina. Esto es aún más problemático si se tiene en cuenta que la extracción de metales se lleva a cabo a veces en zonas pobres en agua, incluso áridas o semidesérticas. Un ejemplo: se necesitan 22.000 m³ de agua para extraer 1 tonelada de litio de los salares chilenos. ¡El equivalente a 9 piscinas olímpicas!

De igual forma, el refinado es muy nocivo debido a la presencia de elementos radiactivos, dado que algunos minerales de tierras raras los contienen, como es el caso del torio o el uranio. Por tanto, su manipulación produce residuos peligrosos para el medio ambiente y la salud humana. Es así como en Baotou, en Mongolia Interior, los lodos tóxicos procedentes de las refinerías han convertido un lago artificial en un cementerio químico.

El urgente y estratégico desafío del reciclaje

Por todo esto, su reciclaje se convierte en un reto tanto en términos medioambientales como de seguridad y estratégicos. Si bien sus virtudes medioambientales son significativas, con una huella de carbono claramente inferior a la del petróleo y el carbón, su aprecio por parte de los países viene de su inmenso potencial industrial. Sin embargo, actualmente, menos del 1% de las tierras raras se reciclan a nivel mundial, una cifra que se mantiene estancada desde principios de la década de 2010.

Además, no siempre es posible extraer los elementos metálicos de todos los objetos que nos rodean, sobre todo porque algunos están mezclados en forma de aleaciones, lo que hace imposible su disociación.

Más aun, estos minerales plantean un importante problema de soberanía nacional: muchos países dependen principalmente de las importaciones extranjeras… y sobre todo de China, país que se ha impuesto como el epicentro de la cadena de valor mundial, desde la extracción hasta la producción manufacturera. Aunque solo posee el 35% de los recursos y el 44% de las reservas estimadas de tierras raras, desde la década del 2000 ha aumentado considerablemente su potencial industrial hasta representar hoy en día hasta el 70% de la extracción mundial de minerales y entre el 85 y el 95% del refinado y la transformación. Y es China quien suministra al resto del mundo casi todo el disprosio, un metal clave para los imanes de las turbinas eólicas marinas, los motores eléctricos e incluso algunos equipos.

Otro gran problema con su reciclaje es la dispersión de las tierras raras en las tecnologías. Un ejemplo llamativo: habría que reciclar dos millones de celulares para obtener la misma cantidad de tierras raras que contiene una sola turbina eólica marina. Esta dispersión de las tierras raras en objetos pequeños (LED, imanes de teléfonos móviles, etc.) dificulta su recogida para su reciclaje. Por otra parte, por muy óptimo que sea, el reciclaje solo resolverá una parte de la ecuación, dado que a escala mundial el aumento de la demanda de estas tierras es tan fuerte que el reciclaje por sí solo no basta para satisfacerla.

En lo que se trata de los minerales críticos, hoy en día, el cobre, el níquel, el cobalto y el manganeso se reciclan muy bien. El litio solo se recicla en parte, ya que tal proceso aún es caro. 

Esta dificultad en su reciclado se mantiene pese a que las tierras raras poseen excelentes propiedades de reciclabilidad, lo que los convierte en un recurso valioso en la economía circular. A diferencia de otros materiales, pueden reciclarse varias veces sin perder sus cualidades intrínsecas.

Conflictos sociales

La explotación minera de tierras raras tiene consecuencias sociales. A menudo provoca desplazamientos de población, conflictos por los derechos sobre la tierra y el acceso a los recursos; disputas por la disparidad en el reparto de los beneficios, como también por las condiciones de trabajo; y el impacto en los modos de vida tradicionales.

Además, las poblaciones que viven cerca de las minas sufren graves repercusiones para la salud (enfermedades respiratorias, contaminación alimentaria).

En Chile, Argentina y Bolivia, denominados como el «Triángulo del Litio», las comunidades indígenas y locales protestan contra la extracción de litio, que consume mucha agua en regiones áridas (salar), amenazando los frágiles ecosistemas y el acceso al agua para la agricultura y el consumo diario. Las cuestiones de consulta y reparto de beneficios también son fundamentales. En Bolivia, la nacionalización de los hidrocarburos y el fuerte control estatal sobre los recursos (en particular el litio del salar de Uyuni) generan importantes conflictos políticos y sociales entre el Gobierno, las regiones productoras y las comunidades indígenas en relación con la gestión, los beneficios y los modelos de desarrollo.

También existen conflictos latentes y nuevos en torno a la extracción de minerales críticos en otros países: en Perú (cobre, oro, plata); en Brasil (hierro, bauxita, grafito, tierras raras). En general, existen conflictos derivados de esta explotación en regiones como la Amazonia, donde los conflictos con las comunidades indígenas y locales se dan por la deforestación, la contaminación del agua, la invasión de tierras ancestrales, la destrucción de la biodiversidad y por los riesgos relacionados con la seguridad de las represas que contienen residuos mineros (es importante no olvidar lo sucedido con las catástrofes de Mariana y Brumadinho4).

También son conocidos conflictos por este tipo de minería en Indonesia (níquel, estaño, bauxita), donde la extracción intensiva de níquel, especialmente para las baterías de los vehículos eléctricos, provoca una deforestación masiva, la destrucción de los ecosistemas marinos por los vertidos de lodos de tratamiento (residuos mineros) y conflictos territoriales con las comunidades locales y los pescadores. También en Canadá y Australia, en los territorios de las Primeras Naciones y pueblos aborígenes, donde numerosos proyectos mineros (litio, níquel, cobre, tierras raras, etc.) se enfrentan a la oposición de las comunidades indígenas. Entre las cuestiones en juego se encuentran el respeto de los derechos territoriales tradicionales, la obtención del consentimiento libre, previo e informado (CLPI5), la protección de los lugares sagrados y del patrimonio cultural, los impactos ambientales en las tierras ancestrales y el reparto equitativo de los beneficios.

Derechos humanos

Represión. En el sector de la minería, se observan violaciones flagrantes de los derechos humanos, expresado en diferentes formas de violencia: represión, persecución legal, intimidación, acusaciones falsas, criminalización, violencia física, amenazas directas y asesinatos, violencia que recae sobre las comunidades locales, los defensores del medio ambiente y de los derechos humanos. Según la Ong Global Witness, en 2024, 146 personas defensoras del ambiente y el territorio en todo el mundo fueron asesinadas o desaparecidas. Una realidad en la cual los países más afectados son: Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, en todos estos en la zona amazónica; Angola, República Democrática del Congo, Ghana, Malí, Uganda, en África; y Myanmar, Indonesia, y Tailandia en el sudeste asiático.

Salud. El arsénico, el cadmio, el cromo, el cobalto, el cobre y el níquel son sustancias metálicas tóxicas en caso de exposición directa sobre el ser humano. En las proximidades de las explotaciones mineras, estos elementos pueden liberarse en grandes cantidades y generar polvos que contaminan el aire, el suelo y los cursos de agua, y que suponen un riesgo considerable para la salud humana, con afectaciones que van desde irritaciones de la piel, los ojos, en algunos casos daños en el hígado y los riñones, enfermedades respiratorias (neumoconiosis, silicosis, fibrosis pulmonar), diferentes tipos de cáncer (entre ellos de pulmón, relacionado con la exposición a la radiación); hasta problemas neurológicos (neuropatía periférica) y problemas reproductivos y de desarrollo.

Se estima que 23 millones de personas, que viven a orillas de cursos de agua contaminados por residuos tóxicos procedentes de actividades mineras río arriba, están expuestas al riesgo de contraer estas patologías, especialmente en diversos países de África y Latinoamérica.

Derecho laboral y trabajo infantil. La minería es uno de los sectores más expuestos a la violencia laboral. Aunque representa apenas el 1% de la mano de obra mundial, el sector causa alrededor del 8% de los accidentes mortales en el trabajo. 

Además. continúa siendo una de las principales fuentes de trabajo infantil, como sucede en la República Democrática del Congo, donde se encuentran las mayores minas de cobalto, un metal esencial para la fabricación de teléfonos celulares, país en el que se estima que 40.000 niños trabajan en minas artesanales donde la extracción de este mineral se realiza sin herramientas mecánicas.

Conflictos armados

En el mundo. Estos minerales suelen denominarse «minerales de conflicto», y así se expresa en diversos rincones del mundo en los que existen conflictos armados con grupos armados no estatales, milicias u organizaciones criminales que buscan controlar las minas y las rutas comerciales para financiar sus operaciones. Sucede así, entre otros países, en República Democrática del Congo –RDC– (cobalto, del cual es su mayor productor mundial; coltán, casiterita, wolframita, oro, cobre), en especial en su región oriental que lleva décadas sumida en la violencia, con numerosos grupos armados (M23, Fdlr, Mai-Mai, Codeco, etc.) que se disputan el control de las minas y las rutas de contrabando.

En Myanmar (Birmania) donde se enfrentan el ejército birmano (Tatmadaw) y diversas organizaciones étnicas armadas (EAO), así como grupos criminales de diferente tinte, por el control de las zonas mineras, especialmente en el estado de Kachin; en Afganistán (litio –del cual posee importantes reservas–, cobre, oro, tierras raras, hierro) con enfrentamiento histórico entre diversos grupos armados, incluidos los talibanes –antes de su llegada al poder–, que han utilizado el control de las minas (y las rutas de contrabando) para financiar sus operaciones; en Malí, Burkina Faso y Níger –región del Sahel– (oro y uranio), aunque el oro es el principal mineral en conflicto. En este país los grupos yihadistas y las milicias locales se financian controlando los yacimientos de oro artesanales y las rutas comerciales.

En América Latina. Aunque el conflicto en torno a las «tierras raras» recibe menos atención mediática que el del oro o el coltán (que contiene niobio y tantalio), el tungsteno o el estaño, América Latina, y en particular Colombia, constituyen una región de alto riesgo en la que la extracción minera, incluidos metales críticos y minerales asociados, está profundamente relacionada no solo con conflictos sociales violentos, sino también con la financiación de grupos armados. Las dinámicas de ello son similares a las del resto del mundo y también afectan a las zonas con potencial de litio, cobre y cobalto, y en este sentido la situación colombiana es la más compleja y peligrosa.

Este país es el más afectado por esta dinámica, en tanto cuenta con la presión de diversos grupos en armas, unos de izquierda (Ejército de Liberación Nacional), las disidencias de las Farc (EMC, Segunda Marquetalia), y otros de derecha, paramilitares, (AGC –Clan del Golfo) y las llamadas bandas criminales organizadas (Bacrim). Unos y otros controlan zonas mineras (legales o ilegales), en las que extorsionan y cobran impuestos, conocido como ‘vacunas’, un suceso que afecta tanto a las empresas mineras legales como a los mineros artesanales, ejercicio de poder local que se extiende a toda la producción y mercadeo del mineral (principalmente oro, pero también coltán y tungsteno). Su presencia en zonas mineras puede llegar incluso a la explotación directa de las minas.

Las zonas afectadas son regiones ricas en minerales (oro, cobre, coltán) como el Chocó, el Bajo Cauca (Antioquia), el norte de Santander, el sur de Bolívar, el Catatumbo y algunas zonas de la Cordillera Oriental. Los proyectos de cobre, como la Quebradona, y las zonas de exploración de litio son objeto de una mayor vigilancia y presión por parte de las multinacionales y del Ejército Nacional. El conflicto social en torno al agua y los impactos ambientales de las minas también es muy fuerte y puede ser instrumentalizado por estos grupos.

Conflicto también presentes en México, donde grupos armados como los cárteles de la droga de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, del Golfo, se diversifican en la explotación minera ilegal (principalmente hierro y oro) y la extorsión masiva a las empresas mineras legales, especialmente en los estados de Michoacán, Guerrero, Chihuahua y Sonora. El auge del litio (Sonora, Baja California) es una nueva fuente de tensión e interés para estos grupos, con riesgos de toma de control de zonas y de extorsión en todos ellos.

En Perú, si bien no hay guerrilla activa, sí hay conflictos sociales violentos, delincuencia y crimen organizado implicado en la extracción ilegal de oro (Madre de Dios) y el robo de minerales/cobre en las concesiones legales.

La ofensiva energética mundial de Trump: Ucrania, Venezuela,
Groenlandia, Irán…

Ucrania. Para no depender tanto de China y no sufrir los avatares de las restricciones seguidas del posible del levantamiento de esos controles, con posibles afectaciones desestabilizadoras de determinadas industrias nacionales, Estados Unidos busca ampliar el suministro directo de metales raros y adquirir un mayor peso en el equilibrio comercial y geopolítico frente a China.

Fue así como, a principios de 2025, condicionó la continuación de su ayuda a Ucrania frente a la invasión rusa. El presidente Trump presionó a Ucrania para que firmara un acuerdo que permitiera a Estados Unidos explotar yacimientos de tierras raras en su territorio como «compensación» por los millones de dólares gastados por los estadounidenses para apoyarlos en la guerra.

El texto prevé que la nueva ayuda militar se contabilice como una contribución a un fondo de inversión común destinado a la reconstrucción del país. Este fondo, financiado y gestionado a partes iguales, se alimentará por parte ucraniana con el 50% de los derechos derivados de las nuevas licencias de explotación de los recursos naturales.

El suelo ucraniano estaría repleto de recursos esenciales, entre los que se encuentran el titanio (aeronáutica y armamento) o el litio y el grafito (baterías eléctricas). El 20% de los recursos mundiales estimados de grafito se encontrarían ahí (actualmente China poseería el 100% de la oferta refinada de grafito natural), y tendría 22 de las 34 sustancias calificadas como «materias primas críticas», y alrededor del 5% de las reservas mundiales.

Venezuela. El en el marco de su doctrina “Donroe”, de sus políticas resumidas en el acrónimo Fafo, por «Fuck around and find out» o «Haz el tonto y ya verás», así como para bloquear el avance de China y Rusia en América Latina, Estados Unidos –en una inédita violación del Derecho internacional– mando su Fuerza Delta en Caracas a secuestrar el presidente Maduro.

Pocas horas después del ataque, Trump declaró que Estados Unidos tenía la intención de «dirigir» la transición en Venezuela y explotar sus vastas reservas de petróleo, las mayores del mundo.

Sin dar respiro, amenazó también a la presidenta interina Delcy Rodríguez de no plegarse a las exigencias norteamericanas: «Pagará más caro que Maduro». Y sus acciones y amenazas surten efecto: de manera rápida fue reformada la legislación petrolera, para permitir que las multinacionales retomen ventajas económicas y de otros órdenes frente al Estado venezolano. 

Groenlandia. Y, por si fuera poco, sin ocultar sus pretensiones desde su primer mandato de apoderarse de Groelandia, territorio autónomo de Dinamarca desde el punto de vista jurídico, que alberga enormes reservas de tierras raras, minerales e hidrocarburos. Los 56.000 groenlandeses no saben qué destino les depara Estados Unidos: la zanahoria o el garrote, o sea una invasión militar o un soborno, como sugiere el rumor que circula por la isla: «Quizás nos hagan lo mismo que hicieron con Alaska, pagarnos a cada uno 50.000 coronas danesas (cerca de 8.000 U$) al año por explotar nuestros recursos». Una suma insignificante frente a los enormes beneficios que obtendrían los Estados Unidos, pero algunos groenlandeses podrían sentirse tentados.

¡Donald Trump ya no amenaza directamente con anexionar Groenlandia! Por ahora…

Ante el mal ambiente que sus pretensiones despertaron en amplios sectores de la sociedad norteamericana, Trump dice ahora que Groenlandia es esencial por seguridad nacional, para completar el programa Golden Dome o Domo de oro, destinado a proteger el territorio estadounidense de misiles balísticos intercontinentales. Decirle a su gente que ese territorio es esencial para impedir un ataque contra Chicago, o cualquier otra de sus ciudades, gana más simpatía que hablar de necesidades económicas. No hay que olvidar que Estados Unidos ya cuenta allí con la base militar de Pituffik, calificada como base espacial, que podría ser ampliada o redirigida en sus funciones. 


Uno de los escenarios de tripolaridad

Si observamos el mapa del Ártico, comprendemos por qué este polo despierta todas las codicias geoeconómincas y geoestratégicas al igual que la determinación de Donald Trump de querer anexionar, no solo Groenlandia sino también Canadá.

ChinaRuta polar de la seda

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La ruta denominada “Artic Express” dos veces más rápida, conecta en dieciocho días tres puesto chinos con cuatro puertos europeos (Felixstowe, Róterdam, Hamburgo y Gdansk), mientras que por el canal de Suez se tarda cuarenta días.


Irán. Este país cuenta con las terceras reservas de petróleo del mundo, por detrás de Venezuela y Arabia Saudí. La crisis del régimen es inocultable, y como ha sucedido en años anteriores, a finales del 2025 estalló una amplia y profunda protesta social controlada a tiro limpio, con 6.300 de sus hijos asesinados, según reconoce el propio establecimiento. Entidades internacionales hablan de hasta 20 mil víctimas. Ahora el ambiente político está en “calma Chibcha”. Todo indica que este pueblo está harto del régimen de los mullahs, que reinan sin reparo desde 1979, cuando derrocaron al Sha Mohammad Reza Chah Pahlavi.

En medio de ello, según otros analistas atizado por los propios Estados Unidos, se mueven fuerzas e intereses internacionales para concretar un cambio de régimen. De parte de Estados Unidos, es inocultable su ansiedad por recuperar el control perdido de este país y esa parte del mundo, lo que le colocaría en mejores condiciones en su intensión de tender un cordón militar sobre China. Abrirle más espacio al expansionismo israelí también pesa en todo ello, así como el control de sus reservas petroleras, de concretar lo cual se consolidaría como la mayor potencia global en ese tópico.

No es extraño, por tanto, que una intervención militar tome forma, o que una negociación de alto nivel someta al país a circunstancias semejantes a las que vive hoy Venezuela, en la práctica, un “protectorado” gringo.

El peso estratégico de los Brics+ o el club mundial de materias primas y estratégicas

Esta alianza de países en lo comercial, y un tanto más allá, tan heterogénea desde el punto de vista económico (dinámica de crecimiento, demografía, nivel de industrialización, especialización sectorial, etc.) ha demostrado sobre todo su capacidad para estrechar lazos políticos y su voluntad común (pero también competitiva) de convertirse en potencias globales.

La adhesión al Brics+ forma parte de una estrategia de diversificación de las alianzas, más que de la participación en un nuevo bloque ideológico. Los Brics+ fortalecen sus vínculos a través de inversiones cruzadas y asociaciones, lo que parece reforzar una lógica de bloque, en particular en el sector de los metales y las tecnologías de transición.

Esta alianza ha ido creciendo en composición: además de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, integrantes originales, ahora se suman otros como: Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia, con lo cual queda allí reunido un auténtico club de materias primas y estratégicas.

Los Brics+ ocupan hoy una posición dominante tanto en la producción –entre 70 y 75%– como en las reservas mundiales de ciertos metales críticos, como los platinoides, las tierras raras y el cobre –entre el 50-60 % de las reservas mundiales identificadas .

Los Brics+ comparten su voluntad de competir con las grandes economías occidentales, imponerse en la escena internacional y reformar el sistema monetario internacional6, pero hay muchos aspectos que dividen a sus miembros. Regímenes políticos heterogéneos, falta de convergencia económica, desacuerdos geopolíticos, alianzas opuestas, en particular con Estados Unidos, y competencia regional entre China e India o Indonesia… Todos estos factores limitan la unidad del bloque.

Sin embargo, la posición dominante del grupo también se refleja en su política común de restricción de las exportaciones de metales estratégicos. Todos estos países han establecido diferentes restricciones a la exportación de metales, que van desde el impuesto a la exportación hasta la prohibición total, pasando por la concesión no automática de licencias a las empresas.

En el futuro, un enfoque coordinado de las políticas de restricción podría perjudicar la seguridad energética de Europa y Estados Unidos, tanto en términos de suministro como de tecnología.

Porvenir

De repente, el mundo descubre que necesita tierras raras, cobre, cobalto, estaño, acero y aluminio para continuar con su transición energética y su revolución tecnológica en el ámbito digital. Por eso asistimos, sin duda, a una nueva guerra, aún si es de baja intensidad, por los metales. 

Este creciente interés por los metales, duplicado exponencialmente por el desarrollo de la inteligencia artificial, conlleva tensiones y amenazas. En su carrera desenfrenada por hacerse con el control de minerales críticos y estratégicos, es muy probable que los Estados dejen de lado cualquier otra consideración, ya sea ecológica, diplomática, legal, territorial o cultural, para centrarse en un único objetivo: garantizar a toda costa su abastecimiento para consolidar su poder tecnológico y geopolítico. En particular, los EEUU, China y Rusia que están ya imponiendo una tripolaridad al resto del mundo. Sin importar el número de COP que se realicen, y los acuerdos –siempre no vinculantes– que se firmen en ellas. 

Si aprendemos a leer y descifrar los mapas de las reservas y producción de tierras raras y minerales críticos, podremos identificar cuáles son y cuáles serán las tensiones regionales de mayor impacto estratégico, los riesgos de conflictos de todo orden, de chantajes entre naciones, de intervención militar y de injerencias alrededor del planeta, y como consecuencia de todo ello de violación de derechos humanos que puede preverse.

¿Cuál es la correlación de fuerzas entre quien posee estos recursos naturales y quien los necesita? Esta es la ecuación que regirá la geopolítica y estrategia en los años y décadas venideras, aunque ya estamos viendo su desenlace, sin llegar aún a los picos de conflicto que pueden desprenderse de todo esto. 

1 En 2024 se produjeron alrededor de 394 000 toneladas de tierras raras, cinco veces más que en 1995.
2 La demanda de minerales críticos se triplicará de aquí a 2030 y se cuadruplicará de aquí a 2040 para alcanzar la neutralidad en carbono.
3 El Acuerdo de París cumple 10 años como marco de la acción climática multilateral – la-cop30/el-acuerdo-de-paris-cumple-10-anos-como-marco-de-la-accion-climatica-multilateral.
4 El 25 de enero de 2019, una avalancha de lodo destruyó los edificios administrativos y el comedor de la mina Córrego do Feijão, así como parte de la comunidad de Vila Ferteco en Brumadinho, provocando el entierro y la muerte de más de 300 personas. Una tragedia humana y medioambiental, inconmensurable y anunciada. Una vez más, la rotura de una represa minera en el estado de Minas Gerais. Una vez más, una catástrofe en la que está implicada la multinacional Vale.
5 https://es.wikipedia.org/wiki/Consentimiento_libre,_previo,_e_informado
6 Ante un sistema financiero mundial dominado por Washington, los BRICS aceleran la creación de una red de pago alternativa: BRICS Pay. Este proyecto, respaldado por un bloque ampliado a diez países, pretende reducir la dependencia de SWIFT y de las sanciones estadounidenses. Más que una simple iniciativa técnica, se trata de una apuesta estratégica para remodelar el orden monetario mundial y afirmar la soberanía financiera en un mundo que se ha vuelto multipolar.
Fuentes
Statista (plataforma global de datos e inteligencia económica); U.S. Geological Survey; Ministerios de minas; Agencias geológicas; BloombergNEF; d-maps.com; Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales; The International Institute for Sustainable Development; Instituto Geológico de Estados Unidos (Usgs); techniques-ingenieur.fr; La lettre du Cnrs; United States Geological Survey; International Renewable Energy Agency; Observatori del Deute en la Globalització; globalwitness.org; comparia.beta.gouv.fr; qqf.fr; Agence de l’environnement et de la maîtrise de l’énergie (Ademe); Geological survey of Denmark and Greenland, Alternatives économiques; comparia.beta.gouv.fr; Zhipu AI, un editor de modelos de IA chino creado en 2019 por profesores de la Universidad de Tsinghua.
* Texto,  ilustraciones y gráficos.
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