Una inusual tormenta de polvo revela cómo Marte perdió parte de su agua – El informante

Madrid. Martes 3 de febrero de 2026. Una anómala e intensa tormenta de polvo de escala local logró iniciar el transporte de agua a las capas más altas de la atmósfera marciana durante el verano en el hemisferio norte del planeta, en un momento en el que este proceso no se consideraba relevante, según un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de la Junta de Andalucía y la Universidad del Centro Superior de Investigaciones SACS-IC. Tokio.

El artículo, publicado en Comunicaciones: Tierra y Medio Ambienteproporciona una nueva perspectiva sobre el papel de estos episodios anómalos en la evolución del planeta.

La imagen actual de Marte como un desierto árido y hostil contrasta con la historia que revela su propia superficie. Canales, minerales alterados por el agua y otras pistas geológicas indican que el planeta rojo, en sus inicios, era un mundo mucho más húmedo y dinámico. Reconstruir cómo desapareció este entorno rico en agua sigue siendo uno de los grandes retos de la ciencia.

Aunque se conocen varios procesos que pueden explicar parte de esta pérdida, se desconoce el destino de gran parte del agua marciana.

Ahora este descubrimiento «revela el impacto de este tipo de tormentas en la evolución climática del planeta y abre una nueva vía para entender cómo Marte ha perdido gran parte de su agua con el tiempo», afirma Adrián Brines, del IAA-CSIC, investigador principal del estudio.

Una de las claves para saber cuánta agua ha perdido Marte es medir cuánta hidrógeno se ha escapado al espacio, porque este elemento se libera fácilmente cuando el agua se descompone en la atmósfera. Las mediciones actuales muestran que el planeta ha perdido una enorme cantidad de agua a lo largo de miles de millones de años, suficiente para cubrir la mayor parte de su superficie a cientos de metros de profundidad.

Al igual que la Tierra, Marte tiene cuatro estaciones debido a la similar inclinación de su eje. «Sin embargo, su órbita es más elíptica, por lo que durante parte del año el planeta está más cerca del Sol y recibe más energía», explica Brines.

“Y a eso se suma la marcada diferencia de altitud terrestre entre ambos hemisferios, menor en el norte que en el sur, lo que provoca que los veranos en el hemisferio sur sean mucho más calurosos y dinámicos que los del hemisferio norte”, explica este experto.

En este contexto, durante el verano del hemisferio sur –o verano austral– la atmósfera se llena de polvo y se calienta, lo que favorece que el vapor de agua suba a niveles muy altos, donde la radiación solar lo descompone y permite que el hidrógeno escape al espacio.

Por otro lado, durante el verano boreal, el agua queda confinada a elevaciones más bajas y las pérdidas son mucho menores. Este ciclo estacional convierte al verano austral en el principal período de pérdida de agua en Marte, un proceso que, año tras año, ha sido crucial en la transformación del planeta rojo.

Un episodio inesperado

Ahora, este nuevo estudio, liderado conjuntamente por el IAA-CSIC, ha revelado un aumento inusual del vapor de agua en la atmósfera media marciana durante el verano del hemisferio norte en el año 37 marciano (2022-2023 en la Tierra), provocado por una tormenta de polvo anómala.

Los años marcianos comenzaron a contarse en 1955, cuando por primera vez se pudo medir la posición de Marte en su órbita con suficiente precisión y utilizar ese momento como referencia. Dado que Marte tarda casi el doble que la Tierra en orbitar alrededor del Sol, el año marciano 37, tomando como punto de referencia 1955, corresponde aproximadamente al período 2021-2023 en el calendario terrestre.

Este descubrimiento se basa en una combinación de datos de la misión Trace Gas Orbiter de la ESA ExoMars (2016) y su instrumento NOMAD -en el que participa activamente el equipo científico del IAA-CSIC- con observaciones de otras misiones activas en la órbita de Marte, como el Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA y la Emirates Mars Mission.

«Gracias al seguimiento constante y sistemático de estas observaciones y a las herramientas computacionales del IAA-CSIC ideales para este tipo de estudios atmosféricos, pudimos estudiar no sólo la distribución vertical del vapor de agua, sino también la distribución del polvo en la atmósfera, la formación de nubes de hielo de agua y el escape de hidrógeno al espacio», explica Adrián Brines.

En este caso, una atípica tormenta de polvo provocó una repentina y muy intensa inyección de vapor de agua que alcanzó alturas de entre 60 y 80 kilómetros, especialmente en latitudes altas del hemisferio norte. En estos niveles, la cantidad de agua era hasta 10 veces mayor de lo normal, comportamiento no observado en años anteriores en Marte y no predicho por los modelos climáticos actuales.

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